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La guadua en pleno Zócalo

La guadua en pleno Zócalo

El arquitecto que acaba de construir en pleno Zócalo de Ciudad de México el Museo Nómada, el edificio perecedero en guadua más grande del mundo, no trabaja en una oficina con computadoras e impresoras sofisticadas ni está rodeado de dibujantes acuciosos.

Tampoco tiene una planoteca gigantesca o un archivo digital con sus 40 años de ejercicio profesional, como se podría pensar de quien ha levantado casas, pabellones feriales y hoteles en Colombia, en Alemania y hasta en China.

No es así, porque Simón Vélez, tal vez el más grande experto del planeta en el uso de la guadua para la construcción, dibuja los planos de sus obras a mano alzada y en cuadernos cuadriculados.

Seguro habrá quien convierta sus líneas delicadas y acotadas en planos, pero lo que él consulta en sus obras es uno de los 50 cuadernos que cuando no tienen más hojas blancas pone uno sobre otro en el pequeño estudio de su amplia casa en el barrio La Candelaria, de Bogotá.

Parece mentira que ese sea el estilo del hombre que acaba de crear un edificio de 5.130 metros cuadrados, con cinco pisos de altura y que ocupa gran parte de la inmensa plaza de la capital mexicana, una de las más grandes y simbólicas de América, por los monumentos coloniales y precolombinos que la rodean.

El museo se construyó entre noviembre del 2007 y enero de este año para el artista canadiense Gregory Colbert. Él lo necesitaba para mostrar Cenizas y nieve, su obra sobre la comunión entre los animales y los hombres.

La exposición recoge años de viajes de Colbert en fotos y videos, y va por distintos sitios del globo desde el 2002, cuando expuso por primera vez en el famoso edificio El Arsenal, de Venecia (donde se realiza la Bienal).

“En julio pasado –cuenta Vélez–- Colbert me citó en Tokio para un almuerzo con Emilio Azcárraga Jean (el magnate mexicano de la televisión) pues él financiaría parte de la exposición en El Zócalo. Les mostré el proyecto y les gustó”.

La propuesta también fue acogida por el Instituto Rolex y el gobierno del Distrito Federal. Así que lo demás fue ejecutar el proyecto.

Del Eje Cafetero a México “Yo lo diseñé según las necesidades de Colbert. El museo sigue siendo una evocación de El Arsenal que es un edificio que le gusta a él y que funciona bien para su obra”, comenta el arquitecto, cuya propuesta es calificada en el sitio oficial del museo como ejemplo de un enfoque innovador en la arquitectura que demuestra prácticas sostenibles.

En el espacio de tres naves –“Es como una iglesia de pueblo”, acota Vélez– hay dos galerías, un teatro grande y dos pequeños Para levantar la estructura, cerca de 200 obreros mexicanos y 37 colombianos expertos en el material utilizaron 9 mil guaduas que en su punto más alto llegan a los 15 metros. Las guaduas, inmunizadas con métodos naturales, fueron llevadas en 27 contenedores desde el Eje Cafetero.

“Como el piso de El Zócalo no se puede intervenir, usamos sacos de arena para detener el agua y pusimos gatos hidráulicos para sostener la estructura”, explica el arquitecto.

Ésta también se apoya en contenedores y, como pesa tan poco, las columnas, adornadas con raíces en el tope, no sostienen el techo sino que están colgadas de él, de manera que su peso ayuda a que no lo dañe el viento.

Dos espejos de agua, que recorren los espacios de exposición junto a las paredes (soportes del edificio), ejercen peso adicional para mantener la estructura en el suelo.

Antes de la construcción, se hizo un prototipo en Chinchiná (Caldas) de 200 metros cuadrados que resistió cargas de 23 toneladas (tanto como una tractomula) y jalones horizontales. Su deformación, luego de tres días, fue de tan solo 15 milímetros y tuvo una recuperación (una vez quitadas las cargas) de 14 milímetros. Según el arquitecto, mejor que lo que se puede esperar del hierro.

Cenizas y nieve ofrece más de 50 trabajos fotográficos y tres videos. La entrada es gratuita y, según datos conocidos por Vélez, han ingresado 60 mil personas por día (calculaban que entrarían 12 mil por jornada), lo que se convierte en otro récord.

La exposición estará abierta hasta el 27 de abril. Después, la estructura desaparecerá…

-Las ideas de Simón Vélez “A mí lo que más me gusta es construir casas de campo, porque es posible hacer arquitectura”, dice Simón Vélez, quien, con su sombrero de Sandoná (los de Aguadas no pasan su control de calidad) parece más un finquero que un arquitecto. Más cuando camina por su casa de La Candelaria, donde tiene una jardín que crece como selva.

Allá también tiene columnas y pórticos, leones, dioses hindúes y ángeles.

“Los consigo en demoliciones. Este pórtico lo mandó tumbar un alcalde ignorante para hacer un parque. No hay derecho que una obra hecha para durar toda la vida la tumben”.

Vélez dice que su verdadera escuela fue la práctica. “En la universidad (de Los Andes) no aprendí nada, porque uno aprende trabajando. Hay gente que estudia tanto que no tiene tiempo de aprender”.

Viaja mucho porque lo llaman para que construya o enseñe sobre la guadua, aunque no es fanático y en sus obras no duda en inyectar cemento o poner aluminio, vidrio o piedra donde sea indispensable.

Pero, por supuesto, defiende la guadua a capa y espada. “En Colombia, la mayor parte de la gente autoconstruye. Empiezan con guadua y bahareque y terminan con cemento. Es como si construir con guadua fuera de pobres. El cemento sin normas técnicas es un peligro”.

“La guadua ni siquiera es sismorresistente sino sismoindiferente –agrega–.

Además, para producir acero se consume oxígeno y se genera monóxido de carbono, mientras que una guadua genera oxígeno, absorbe el monóxido y su resistencia está probada”

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